Cuentos urbanos
Leo esta mañana en el Mundo una noticia curiosa: "las juventudes socialistas acaban de darse cuenta de que en Madrid existen mas de trescientas calles de reminiscencias franquistas". El acto de protesta se centralizó en la calle del general Yagüe, en pleno distrito financiero de la capital (desde luego hay que ser idiota para organizar una manifestación de gacelas en la jaula de los leones). Estos jóvenes cachorros progresistas, amantes de la sexualidad libre entre hombres, mujeres y animales (aceptándose cualquier tipo de combinación entre las tres), defensores del cannabis y partidarios de la quema de iglesias (con los curas dentro), exhortaban a la gente a manifestarse indignados por un hecho imperdonable. Miren, yo creo en Dios (y en la patria y el rey también, pero eso es otra cuestión), pero no creo posible que los letreros de Madrid se alcen en armas y nos asalten, (aunque eso me trae a la memoria a un amigo que se pasó diez minutos hablando con un cubo de basura después de una fiesta, ¡y juro que es coincidencia que sea socialista, que lo es!). Señores socialistas, siento herir sus sensibilidades, pero les pido que escuchen el ruego de mi amigo Ricardo Sánchez. Estaría encantado de vivir en la calle del general Yagüe en vez de en la calle del plátano...
Lo que acabo de relatar me trae a la memoria algo que me sucedió hace tiempo en Madrid.
Mi novia vive en Batán y yo en Fuencarral pueblo, así que habitualmente llevo cosas para leer en los trayectos de metro (que duran mas o menos lo que un tren Madrid- Guadalajara). Tanto tiempo en metro ha hecho de mi un hombre cultivado y conocedor de toda la actualidad, así que no hay mal que por bien no venga!. El caso es que ese día había comprado La Razón para leer y me senté al lado de un grupo de amigos, todos ellos con barna y pelo largo y vestidos con ropas de extraños colores (que bonita es la diversidad, pensé al verlos!). El que se sentaba a mi lado empezó a leer el periódico de gorra, pero al darse cuenta de que era prensa de derechas dijo en voz alta "me levanto para no leer el periódico, y más este periódico". Acto seguido toda la manada jaleó con carcajadas la gracia del cabecilla. En ese momento di la razón a mi padre que afirma convencido que soy un chulo, porque aproveché para soltar un sonoro ¡pringado! camuflado de estornudo. En ese momento se levantó y se acercó hacia mi en posición semi agachada. Yo recordé todo lo que había aprendido en documentales y libros de supervivencia y no perdí la calma. Mantuve su mirada con decisión y saqué unos cacahuetes que tenía en el bolsillo para ofrecérselos si tenía hambre. Me miró (en ese momento sus ojos me recordaron a un becerro que ví en en el pueblo de un amigo) y me dijo: "¿te has dado cuenta de que los solores de tu bolsa son los de la bandera de España?" (hasta ese momento no me había dado cuenta de que la bolsa donde me habían entregado el periódico era de colores rojo y amarillo). Ante tamaña perspicacia y agudeza visual sólo asentir anonadado y contestar "Si". El semi-ser, ya crecido por su hazaña mental volvió a hacerme una pregunta "¿y eso no te molesta?". Yo de ahí ya no pasé, si bien es verdad que la primera pregunta me pilló desprevenido (por eso de ver a un primate hablando), ya le contesté mas tranquilo "no, ¿por qué iba a hacerlo?". En ese momento ví una chispa en sus ojos (no de inteligencia si no de que algo había estallado ahí dentro) y después de estar un rato discurriendo una respuesta (circunstancia que aproveché para leerme toda la sección internacional) me dijo que le parecía muy bien y se fue.
Todo esto que he contado, que puede resultar muy divertido leído así, me ocurrió de verdad (todo menos lo de los cacahuetes) y puedo asegurar que los tipos daban bastante miedo. Está claro que corren malos tiempos para cualquiera que se sienta orgulloso de ser español.

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